Un oasis en Doñana
El Palacio de Las Marismillas, ubicado en el corazón del Parque Nacional de Doñana, se ha convertido en el destino elegido por Pedro Sánchez y su familia para disfrutar de unas vacaciones de Semana Santa. Este emblemático palacio no solo es un lugar de descanso, sino que también representa un importante legado histórico y medioambiental.
La familia Sánchez-Gómez llegó a este exclusivo enclave tras un vuelo en el Falcon presidencial desde la base aérea de Torrejón de Ardoz hasta Rota. Desde allí, se trasladaron a la residencia oficial donde pasarán unos días alejados del bullicio político. Esta es la primera vez que se tiene constancia oficial de su visita a Las Marismillas desde 2024, marcando una tradición que han seguido otros presidentes del Gobierno español.
Construido a principios del siglo XIX por Carlos Fernández de Córdoba, duque de Tarifa, Las Marismillas ha sido testigo de numerosos eventos históricos. Originalmente un coto de caza durante la dictadura franquista, hoy sirve como residencia temporal para líderes políticos internacionales y ha acogido a figuras como Tony Blair, Angela Merkel, y el rey Balduino de Bélgica.
Este edificio con estilo colonial inglés cuenta con 18 habitaciones, cada una con baño en suite, superando incluso la famosa casa de Isabel Preysler en número total de cuartos de baño. Además, posee acceso directo a una playa privada que lo convierte en un lugar privilegiado para relajarse y disfrutar del entorno natural.
Aparte del lujo y la comodidad que ofrece, Las Marismillas también simboliza el compromiso con la conservación medioambiental. Durante sus visitas anteriores, Pedro Sánchez ha destacado la importancia ecológica del Parque Nacional de Doñana, uno de los espacios naturales más valiosos del país.
A diferencia de las vacaciones navideñas pasadas en Andorra, donde disfrutaron cerca de las pistas de esquí junto a sus hijas, esta Semana Santa representa un cambio hacia un entorno más cálido y natural. La pareja presidencial ha demostrado su aprecio por los destinos tranquilos y pintorescos tanto dentro como fuera del país.
Las Marismillas se ha convertido así en una especie de ‘Camp David’ español para los mandatarios nacionales. Con su personal reducido pero eficiente —compuesto por cuatro empleados permanentes— el palacio asegura que cada visita sea cómoda y memorable para sus huéspedes.


