La familia real danesa celebra una nueva era con la herencia del Palacio de Marselisborg

El Palacio de Marselisborg pasa a ser parte del patrimonio personal de Federico y Mary tras la abdicación de Margarita II.

La familia real danesa celebra una nueva era con la herencia del Palacio de Marselisborg

abril 9, 2026

Rosa Ballester

Un legado real en manos de Federico y Mary

La reciente herencia del Palacio de Marselisborg por parte de los reyes Federico y Mary de Dinamarca marca un nuevo capítulo en la historia de la familia real danesa. Este emblemático palacio, situado en Aarhus, se suma a su ya impresionante patrimonio que incluye fincas lujosas y una colección de joyas invaluables.

Construido entre 1899 y 1902, el Palacio de Marselisborg fue erigido como residencia veraniega para el heredero al trono danés. Su nombre proviene del comerciante Gabriel Marselis, quien adquirió tierras en Jutlandia en el siglo XVII. A lo largo de los años, este lugar ha sido testigo de numerosos eventos históricos y celebraciones familiares.

A diferencia de otras residencias reales que son propiedad del Estado, el Palacio de Marselisborg es privado, lo que le otorga un carácter especial dentro del patrimonio real. La Casa Real ha valorado esta propiedad en aproximadamente 1,5 millones de coronas danesas (200.000 euros), una cifra notablemente inferior a su tasación anterior.

La antigua propietaria del palacio fue la reina Margarita II, quien abdicó en 2024 después de más de cinco décadas en el trono. Este cambio generacional no solo implica un traspaso patrimonial, sino también un simbolismo profundo sobre la continuidad y renovación dentro de la monarquía danesa.

Con su nueva propiedad, Federico y Mary han comenzado a establecer sus propias tradiciones familiares en Marselisborg. Durante su primera Semana Santa como propietarios, disfrutaron decorando huevos junto a sus hijos, una costumbre que se remonta a generaciones anteriores. Además, el palacio se convierte cada año en escenario habitual para las celebraciones navideñas reales.

No solo es un refugio familiar; los jardines del Palacio son famosos por su belleza natural e incluyen un jardín de rosas y un huerto aromático abierto al público cuando no está presente la familia real. Esto permite que tanto locales como turistas puedan disfrutar del esplendor arquitectónico y paisajístico que ofrece este histórico lugar.

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