Un estilo de vida único en la monarquía danesa
En contraste con otras casas reales europeas, donde la estabilidad en la residencia es norma, los reyes de Dinamarca, Federico X y Mary, han adoptado un estilo de vida que parece sacado de un cuento. Cada temporada del año trae consigo una mudanza a diferentes palacios y castillos, lo que les permite disfrutar de diversas facetas del patrimonio danés.
Durante el invierno, el Palacio de Federico VIII se convierte en su hogar. Este majestuoso edificio, situado en el corazón de Copenhague, no solo es su residencia privada, sino también un lugar donde se llevan a cabo funciones administrativas y ceremoniales. El famoso cambio de la Guardia Real, que atrae a numerosos turistas cada día, añade un toque especial a su vida cotidiana.
Con la llegada del calor primaveral, la familia real se traslada al castillo de Fredensborg. A tan solo 30 kilómetros al norte de Copenhague, este castillo tiene una historia rica y significativa para los reyes. La Cancillería, donde residen durante esta época del año, fue un regalo nupcial para ellos y ha sido testigo del crecimiento de sus hijos mayores.
Recientemente, el rey Federico X ha ampliado su patrimonio con la adquisición del castillo de Marselisborg, ubicado en Aarhus. Este castillo histórico será parte integral del legado familiar y está destinado a ser heredado por el príncipe heredero Christian X en el futuro. Con trece hectáreas de jardines que rodean esta edificación del siglo XIX, Marselisborg promete ser otro escenario para reuniones familiares importantes.
No todo se queda en Dinamarca; durante los meses estivales también disfrutan del castillo de Graasten. Esta propiedad histórica ha sido un refugio veraniego desde 1935 y cuenta con jardines ingleses que son accesibles al público cuando no están presentes. En ocasiones especiales como reuniones familiares o celebraciones navideñas, este lugar cobra vida con risas e historias compartidas.
Afuera del país escandinavo, los reyes tienen una propiedad controvertida en Verbier, Suiza. Adquirida por 2.3 millones de euros después de haberla alquilado durante años por cifras exorbitantes cada semana. Además, disfrutan también del Château de Cayx en Francia; una finca familiar donde producen vino AOC Cahors gracias a las uvas malbec cultivadas localmente.
A medida que observamos cómo los reyes daneses navegan entre sus múltiples residencias cada año surge una pregunta: ¿es este estilo nómada una tradición arraigada o un reflejo moderno? Lo cierto es que esta dinámica les permite mantener vivas las tradiciones mientras crean nuevos recuerdos familiares en cada uno de sus hogares temporales.


