Un nuevo desafío en la era digital
En un mundo donde las redes sociales dominan la comunicación, surge una preocupación creciente sobre el fenómeno del sharenting, que se refiere a la práctica de los padres de compartir imágenes y detalles de sus hijos en plataformas digitales. Este comportamiento, que puede parecer inofensivo, está generando un debate intenso sobre los derechos de los menores y su privacidad.
Un estudio reciente realizado por Kaspersky ha revelado que aproximadamente el 15% de los menores solicita a sus padres que no compartan sus fotos en línea, mientras que un 9% exige que se eliminen las imágenes ya publicadas. Esta tendencia indica un cambio significativo: son ahora los propios niños quienes están tomando la iniciativa para proteger su intimidad.
Natalia Díaz, activista y autora del movimiento Stop Sharenting, señala que esta situación refleja una brecha generacional alarmante. «Hemos normalizado convertir momentos privados en contenido público», afirma Díaz. La falta de conciencia sobre las implicaciones de esta exposición puede tener efectos duraderos en el desarrollo emocional y psicológico de los jóvenes.
Elena Cedillo, psicóloga especializada en desarrollo infantil, advierte que la construcción de la identidad durante la adolescencia es crucial. «Los adolescentes comienzan a desarrollar su propio sentido del yo y pueden sentirse invadidos si sus historias son contadas sin su consentimiento», explica Cedillo. Esta falta de control sobre su propia narrativa puede llevar a sentimientos de vergüenza y frustración.
Aparte del impacto emocional, el sharenting también presenta riesgos tangibles para la seguridad. Las fotografías aparentemente inofensivas pueden revelar información sensible como ubicaciones escolares o rutinas diarias. Vanessa González, directora de comunicación de Kaspersky Iberia, enfatiza cómo estas imágenes pueden ser utilizadas maliciosamente por terceros.
A medida que más padres comparten contenido relacionado con sus hijos, es esencial reflexionar sobre las normas familiares respecto a la privacidad digital. La incongruencia entre lo que se predica y lo que se practica puede socavar cualquier intento educativo sobre responsabilidad digital. «No podemos pedir a nuestros hijos que respeten la intimidad ajena si nosotros no respetamos la suya», concluye Díaz.
A medida que este fenómeno continúa creciendo, es fundamental establecer límites claros y fomentar una cultura familiar donde se priorice el respeto por la privacidad infantil. La educación digital debe comenzar desde casa; solo así podremos garantizar un entorno seguro para las futuras generaciones.


