La llegada de una nueva era en el Gran Ducado
El pasado octubre, Guillermo y Estefanía de Luxemburgo asumieron el trono del único gran ducado del mundo, marcando el inicio de un reinado que promete modernización y un enfoque renovado en la representación internacional. Con este cambio, la pareja real se prepara para mudarse a una de las residencias más emblemáticas del país: el castillo de Berg.
El castillo, situado a pocos kilómetros de su actual residencia en Fischbach, tiene sus raíces en el siglo XIV y ha sido testigo de numerosos eventos históricos. Rodeado por 50 hectáreas de frondosos bosques y ubicado en la confluencia de los ríos Alzette y Attert, este majestuoso edificio no solo es un símbolo del poder monárquico, sino también un lugar lleno de historias que datan desde su primera mención en 1311.
A lo largo de los siglos, el castillo ha cambiado varias veces de propietario. Fue adquirido por Guillermo II, rey de los Países Bajos, en 1845 y posteriormente remodelado por su sucesor. Sin embargo, fue bajo el gran duque Adolfo que la propiedad pasó a manos luxemburguesas en 1891.
Antes del traslado al castillo de Berg, Guillermo y Estefanía se despidieron oficialmente del municipio donde han vivido durante seis años. Los habitantes de Fischbach organizaron una emotiva celebración para honrar a sus grandes duques salientes. Durante esta fiesta comunitaria se inauguró una estatua conmemorativa, simbolizando el cariño que los ciudadanos sienten hacia la joven pareja real.
A medida que Guillermo y Estefanía se preparan para ocupar su nuevo hogar, también están esperando la finalización de una moderna casa dentro del complejo del castillo. La alcaldesa local ha confirmado que esta vivienda será modesta pero funcional, diseñada para adaptarse al estilo contemporáneo mientras respeta la rica historia del lugar.
A pesar del esplendor actual del castillo, su historia no está exenta de sombras. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue utilizado como centro nacional para reeducación política por parte del ejército alemán y sufrió severos daños debido al saqueo. Sin embargo, tras años difíciles y varias restauraciones posteriores a la guerra, hoy se erige como un símbolo renovado para la familia real luxemburguesa.
Aunque Guillermo y Estefanía vivirán fuera del edificio principal durante algún tiempo debido a las obras en su nueva casa, el castillo seguirá siendo utilizado para fines oficiales y representativos. Este equilibrio entre lo antiguo y lo moderno refleja perfectamente las intenciones reformistas que los nuevos grandes duques traen consigo al Gran Ducado.


