Un legado real en el mercado
La prestigiosa joyería M. S. Rau, ubicada en Nueva Orleans, ha puesto a la venta un par de pendientes que pertenecieron a María Amalia de Borbón-Dos Sicilias, la última reina de Francia. Esta extraordinaria pieza, confeccionada alrededor de 1790, está valorada en siete millones de euros. Se trata de una oportunidad única para los coleccionistas y amantes de la historia, ya que se considera una de las pocas joyas auténticas que han sobrevivido del antiguo régimen francés.
Los pendientes están elaborados con perlas naturales y diamantes, y su linaje real es innegable. Pertenecieron originalmente a María Carolina de Austria, madre de María Amalia, quien se los regaló cuando su hija era aún duquesa. A lo largo del tiempo, estas joyas han pasado por varias generaciones dentro de la familia Orleans, conservando su esplendor y valor histórico.
A pesar del alto precio que se les atribuye, este monto puede parecer razonable si se considera el contexto del mercado actual para piezas similares. Por ejemplo, un colgante que perteneció a María Antonieta alcanzó los 31,5 millones en una subasta reciente.
No obstante, el interés por estas joyas ha crecido tras el espectacular robo ocurrido el año pasado en el Museo del Louvre. Durante este atraco se sustrajeron varias piezas valiosas asociadas con María Amalia, incluyendo una tiara y otros adornos que nunca han sido recuperados. Este evento ha añadido un aire de misterio y urgencia al deseo por adquirir las pocas piezas restantes vinculadas a esta figura histórica.
Cada pendiente presenta una perla natural en forma de lágrima como pieza central, rodeada por un delicado engaste de diamantes antiguos. En su época, estas perlas eran consideradas más valiosas que los diamantes debido a su rareza y belleza. La manufactura original fue realizada por Mellerio, el joyero oficial de la Corona francesa.
A lo largo del tiempo, estos pendientes han sido testigos silenciosos de eventos históricos significativos y cambios dinásticos. Desde su creación hasta hoy, han estado ligados a momentos cruciales en la historia europea. La última heredera conocida fue la princesa Isabel de Orleans-Braganza quien lució estos pendientes durante su boda en 1931.
A medida que avanza el proceso para encontrar un nuevo propietario para esta pieza única del patrimonio francés, los expertos sugieren que podría ser adquirida tanto por coleccionistas privados como por instituciones interesadas en preservar parte del legado real francés.


