Un cambio de paradigma en la medicina estética
En los últimos años, el enfoque sobre el envejecimiento ha experimentado una transformación notable. La flacidez, antes considerada un simple signo de la edad, se ha convertido en una preocupación central para muchas personas que buscan mantener su apariencia juvenil y saludable. A medida que las mujeres alcanzan los 40 y 50 años, el interés por los tratamientos reafirmantes ha crecido exponencialmente, reflejando un deseo no solo de verse bien, sino de sentirse bien consigo mismas.
Según Paz Torralba, fundadora de The Beauty Concept, hoy en día las pacientes no buscan eliminar todos los signos del paso del tiempo; más bien desean resaltar su esencia y mejorar su imagen sin perder su identidad. «El concepto de envejecimiento ha cambiado radicalmente», afirma Torralba. Este nuevo enfoque se traduce en una demanda creciente por procedimientos menos invasivos que ofrezcan resultados naturales y armoniosos.
La popularidad de estos tratamientos puede atribuirse a varios factores. En primer lugar, la evolución tecnológica en medicina estética ha permitido desarrollar técnicas que requieren menos tiempo de recuperación y ofrecen resultados visibles sin necesidad de cirugía. Además, el concepto de longevidad ha permeado el lenguaje cotidiano relacionado con la belleza; ya no se trata solo de corregir imperfecciones, sino también de preservar la calidad cutánea a largo plazo.
No toda flacidez es igual. Expertos como Vanessa Herrera, médica cirujana especializada en medicina estética, destacan la diferencia entre flacidez cutánea y pérdida muscular. La primera está relacionada con la degradación del colágeno y elastina debido al paso del tiempo, mientras que la segunda se debe a factores como el sedentarismo o pérdidas significativas de peso. Por ello, es esencial personalizar cada tratamiento para abordar las necesidades específicas del paciente.
Entre los procedimientos más solicitados se encuentran la radiofrecuencia, los ultrasonidos microfocalizados y los bioestimuladores como Profhilo o Sculptra. Estas tecnologías actúan a diferentes niveles: desde estimular el colágeno hasta mejorar la textura cutánea. La combinación adecuada puede ofrecer resultados óptimos adaptados a cada persona.
Aunque estos tratamientos pueden ofrecer mejoras significativas en áreas como el óvalo facial o el escote, es importante tener expectativas realistas. Los primeros cambios suelen ser visibles entre cuatro a seis semanas después del tratamiento, pero los mejores resultados se aprecian entre tres y seis meses tras las sesiones iniciales.
No basta con realizar un tratamiento; mantener una rutina es crucial para prolongar sus efectos. Muchos expertos recomiendan sesiones anuales o semestrales dependiendo del tipo de procedimiento realizado y las características individuales del paciente.
A medida que crece la oferta en este campo, también aumenta la necesidad de ser cauteloso al elegir un tratamiento estético. Es fundamental asegurarse de que las clínicas cuenten con profesionales capacitados y equipos homologados para garantizar tanto seguridad como eficacia.


