Balmoral: el refugio estival de la realeza británica y sus secretos más entrañables

Descubre cómo Balmoral se convirtió en el refugio estival favorito de la realeza británica y conoce algunas tradiciones entrañables que han perdurado a lo largo del tiempo.

Balmoral: el refugio estival de la realeza británica y sus secretos más entrañables

agosto 14, 2026

Marc VIllanueva

Un legado real en las Tierras Altas

El castillo de Balmoral, situado en el corazón de Escocia, ha sido durante generaciones un símbolo del descanso y la tradición veraniega de la familia real británica. Desde su adquisición por la reina Victoria y el príncipe Alberto en 1845, esta majestuosa residencia ha acogido a los Windsor cada verano, convirtiéndose en un refugio donde disfrutar de la naturaleza y la compañía familiar.

A medida que se acerca el final del verano, Balmoral cierra sus puertas al público, marcando el inicio de una época especial para los miembros de la realeza. La difunta reina Isabel II era conocida por pasar largas temporadas allí, desde finales de julio hasta octubre. Este lugar no solo fue testigo de momentos cruciales en su vida, como su luna de miel con el príncipe Felipe, sino también del crecimiento familiar que vivió a lo largo de los años.

No todo era diversión en este idílico entorno. Los nuevos invitados debían enfrentarse al temido test de Balmoral, una especie de evaluación informal donde los miembros más cercanos evaluaban si encajaban o no en el círculo real. Paul Burrell, exmayordomo de Diana, describió este proceso como «cruel», sugiriendo que era una prueba para determinar si los forasteros eran dignos del mundo Windsor.

A pesar del protocolo estricto que rodeaba a la familia real, las comidas en Balmoral podían ser sorprendentemente sencillas. El antiguo chef Darren McGrady reveló que tanto el príncipe Felipe como otros miembros disfrutaban involucrándose en la cocina. Las barbacoas eran especialmente populares; Felipe se preocupaba por elegir ingredientes frescos del huerto antes de decidir qué preparar para sus seres queridos.

Cada mañana comenzaba con un toque especial: a las nueve en punto, un gaitero oficial tocaba bajo la ventana del dormitorio de Isabel II durante 15 minutos. Este ritual marcaba el inicio del día y sustituía cualquier alarma moderna. Además, uno de los eventos más esperados era el baile anual con el personal del castillo, donde todos se reunían para celebrar juntos al son de danzas tradicionales escocesas.

Balmoral no solo fue un refugio; también fue escenario de anécdotas memorables. En una ocasión, Isabel II se encontró con turistas árabes que no la reconocieron. Con humor característico respondió a sus preguntas sobre su residencia diciendo que tenía una casa cerca y señalando a su escolta como alguien que sí conocía a la Reina.

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Marc VIllanueva

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Especializado en crónica social y televisión, siempre atento a las historias que se mueven entre bambalinas. Disfruto analizando cómo se construye la imagen pública de los famosos y qué hay realmente detrás.

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