La vida de Beatriz y María Cristina, hijas de la reina Ena: exilio y tragedia

Un recorrido por las vidas marcadas por el exilio y tragedias personales de las infantas Beatriz y María Cristina.

enero 5, 2026

Rosa Ballester

Orígenes y educación de las infantas

La infanta Beatriz recibió su nombre en honor a su abuela materna, la princesa Beatriz de Battenberg, quien era la hija menor de la reina Victoria. Por otro lado, la infanta María Cristina fue nombrada así por su abuela paterna, María Cristina de Habsburgo-Lorena, madre de Alfonso XIII. Desde jóvenes, ambas demostraron un gran talento para los idiomas, dominando el inglés, francés y alemán, además del lenguaje de signos para comunicarse con su hermano Jaime, quien era sordomudo.

A pesar de no asistir a una escuela convencional, su formación se llevó a cabo en el Palacio Real, donde incluso su padre participaba en sus lecciones. Estudiaron diversas materias como matemáticas, Geometría y Ciencias Naturales con una profesora británica y Geografía e Historia con una institutriz francesa. Esta información proviene del periodista Martín Bianchi en su obra «Baby y Crista: las hijas de Alfonso XIII».

Las infantas crecieron en el Palacio Real de Madrid, donde desarrollaron habilidades musicales tocando el piano y aprendiendo danza con la misma profesora que instruía a la reina Isabel II de Inglaterra. Además, eran apasionadas del deporte: montaban a caballo, jugaban al golf y al tenis. También se dedicaban a actividades como esquiar y navegar.

A lo largo de sus vidas vivieron momentos históricos significativos que impactaron tanto a España como a Europa. Sin embargo, uno de los episodios más difíciles fue tener que abandonar España tras la proclamación de la II República el 15 de abril de 1931. En ese momento, Beatriz tenía 21 años y María Cristina 19. Junto a su madre y hermanos partieron hacia París desde El Escorial antes de establecerse en Roma con su padre.

A lo largo de su juventud enfrentaron el desafío del legado familiar relacionado con la hemofilia. Su madre era portadora del gen que transmitió a sus hijos; esto afectó gravemente a su hermano Alfonso y causó la muerte prematura del menor Gonzalo en un accidente automovilístico en Suiza en 1934. Se dice que Beatriz estaba al volante durante ese trágico incidente.

Búsqueda amorosa sin éxito

Dado este contexto familiar complicado, sus padres sabían que no serían consideradas adecuadas para matrimonios reales. A pesar de ello, María Cristina rechazó una propuesta matrimonial del rey Leopoldo de Bélgica. Ambas optaron por casarse con italianos: Beatriz se unió al príncipe Alessandro Torlonia mientras que María Cristina eligió al conde Enrico Marone-Cinzano. Tras sus matrimonios establecieron sus vidas en Italia; Beatriz residió en Roma mientras que María Cristina se asentó en Turín.

Nacida en La Granja (Segovia) en 1909, Beatriz pasó los veranos familiares entre Santander y San Sebastián junto a sus hermanos. En Roma tuvo cuatro hijos entre los cuales destaca el conde Alessandro Lecquio como uno de sus favoritos.

Beatriz falleció en noviembre de 2002 en Roma después haber vivido allí desde su matrimonio en 1935; aunque no pudo mantener derechos sucesorios tras casarse fuera del ámbito real. Su boda fue oficiada por Alfonso XIII aunque su madre no asistió debido a diferencias personales.

Cambios inesperados durante las visitas a España

A pesar del distanciamiento político tras dejar España durante la dictadura franquista, regresó brevemente al país pero tuvo que marcharse debido al apoyo popular hacia ella frente al régimen.
Su vida estuvo marcada por pérdidas significativas incluyendo la muerte trágica por accidente laboral de un miembro cercano durante esos años difíciles.

María Cristina contrajo matrimonio también renunciando a derechos sucesorios; tuvo cuatro hijas: Victoria Eugenia, Giovanna, María Teresa y Anna Alessandra. A diferencia de Beatriz pasó más tiempo viviendo entre Madrid y Turín hasta fallecer allí en 1996.

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