Un evento sin precedentes en Oslo
El 9 de septiembre de 2026, Oslo se convirtió en el epicentro de la realeza europea al celebrar el funeral de Estado del rey Harald V de Noruega, quien falleció el pasado 28 de agosto. Este evento no solo marcó el final de una era para Noruega, sino que también reunió a dignatarios y miembros de casas reales de todo el continente, destacando la importancia del monarca en la historia reciente.
La ceremonia estuvo regida por un riguroso protocolo conocido como ‘Operación K’, diseñado para honrar la memoria del rey y garantizar la seguridad durante el evento. Con 6.500 agentes de policía y soldados desplegados desde el Palacio Real hasta la catedral donde tuvo lugar el servicio, este fue uno de los despliegues más grandes en la historia reciente del país. Las calles estaban adornadas con imágenes del rey y banderas ondeando a media asta, mientras que los ciudadanos pudieron seguir la ceremonia a través de pantallas gigantes instaladas en varios puntos estratégicos.
A pesar del gran número de asistentes, uno de los detalles más comentados fue la ausencia del rey Carlos III del Reino Unido. En su lugar, fue su hijo, el príncipe Guillermo, quien representó a la Corona británica. Esta decisión se debió a una norma protocolaria que establece que es habitual que un monarca no asista a funerales de otros jefes de Estado. Sin embargo, Carlos III envió un mensaje oficial despidiéndose afectuosamente de su «querido primo».
Entre los asistentes destacados se encontraba la princesa Ana del Reino Unido, madrina del nuevo rey Haakon VIII y prima segunda del difunto Harald. Su presencia simbolizaba los fuertes vínculos familiares entre las casas reales europeas. No obstante, otra madrina notable, Margarita de Dinamarca, no pudo asistir debido a problemas de salud.
A diferencia de otras monarquías europeas donde se celebran ceremonias elaboradas para coronar nuevos reyes, Noruega abolió esta práctica en 1908. Haakon VIII ya había jurado su cargo ante el Parlamento antes del funeral y asumió oficialmente sus funciones tras el fallecimiento de su padre.
Finalmente, Harald V será enterrado en la capilla funeraria real ubicada en la Fortaleza de Akershus, junto a sus padres y abuelos. Este lugar histórico no solo es significativo por su belleza arquitectónica sino también por ser un símbolo duradero del legado real noruego. La reina Sonia y Harald habían tomado decisiones sobre sus sarcófagos hace años, reflejando su deseo compartido por un descanso eterno juntos.


