Un adiós conmovedor en Oslo
La familia real noruega se reunió para despedir a la princesa Astrid, quien falleció el 11 de septiembre a los 94 años. El funeral tuvo lugar en la iglesia de Ris, un espacio que fue significativo para la princesa durante su vida. Este evento se produce solo dos semanas después del funeral del rey Harald, marcando un periodo de luto profundo para la monarquía noruega.
El rey Haakon, junto a su esposa Mette-Marit, y otros miembros de la familia real, llegaron al templo con semblantes serios pero decididos a rendir homenaje a su querida tía. La ceremonia comenzó con un discurso del párroco Paul Erik Wirgenes, quien recordó los logros y el legado de Astrid, lo que provocó lágrimas entre los asistentes. Un coro infantil también participó, interpretando el conmovedor Pie Jesu, una pieza musical que ha resonado en momentos solemnes en Noruega.
A pesar del ambiente familiar, algunas ausencias fueron notorias. El príncipe Sverre Magnus, hermano menor de la princesa heredera Ingrid Alexandra, no pudo asistir debido al inicio de sus estudios en Lisboa. Además, Marius Borg, hijo de Mette-Marit, se encontraba bajo arresto domiciliario tras una condena reciente y no solicitó permiso para estar presente.
Durante el servicio, los hijos de la princesa Astrid compartieron emotivas palabras sobre su madre: «Querida mamá, gracias por ser la mejor madre que podríamos haber tenido». Este tributo personal subrayó el impacto que tuvo Astrid en sus vidas y cómo siempre estuvo presente para ellos.
El Gobierno noruego había anunciado previamente que el funeral sería financiado por el Estado como reconocimiento a los esfuerzos dedicados por Astrid durante su vida. En 2002 recibió una pensión honoraria por sus contribuciones significativas al país. Las banderas ondearon a media asta como símbolo del respeto nacional hacia su memoria.
A pesar de las circunstancias tristes, varios miembros de otras casas reales europeas asistieron al evento para mostrar su apoyo. La princesa heredera Victoria de Suecia fue vista abrazando cariñosamente a Marta Luisa, mientras que también estuvieron presentes los príncipes Astrid y Lorenz de Bélgica, así como la princesa Margarita de Luxemburgo.
No solo se recordará a Astrid por sus contribuciones públicas; también dejó atrás a su fiel compañera canina Wilma. Esta chihuahua fue adoptada por ella desde un refugio local y ahora vive feliz con uno de sus hijos tras su fallecimiento.

