Cenar tarde en verano: ¿un hábito dañino o solo un mito?

Las cenas tardías durante el verano pueden parecer inofensivas, pero ¿realmente afectan nuestra salud? Descubre lo que dice la experta Violeta Kushkyan.

Cenar tarde en verano: ¿un hábito dañino o solo un mito?

agosto 18, 2026

Rosa Ballester

El dilema de las cenas veraniegas

Durante los meses de verano, es común que las cenas se alarguen más allá de lo habitual, especialmente en países donde la cultura nocturna es parte del estilo de vida. Sin embargo, este hábito puede tener repercusiones en nuestra salud y bienestar. La nutricionista Violeta Kushkyan, especialista en ZEM Wellness Clinic Altea, advierte sobre los efectos que cenar tarde puede tener en nuestro organismo.

Kushkyan señala que cenar después de las diez de la noche puede alterar nuestro ritmo circadiano. Esto se debe a que, a esa hora, el cuerpo no procesa los alimentos con la misma eficacia que durante el día. La sensibilidad a la insulina disminuye por la noche, lo que complica la digestión y puede afectar negativamente la calidad del sueño.

Cenar tarde no solo afecta nuestra noche; también tiene repercusiones al día siguiente. Según Kushkyan, es común levantarse con menos apetito tras una cena tardía, lo cual puede desajustar nuestras comidas del día siguiente. Además, quienes adoptan este hábito pueden experimentar sintomas como pesadez e hinchazón, así como un descanso menos reparador.

No existe una hora límite universal para cenar; esto depende del horario de cada persona. Sin embargo, Kushkyan recomienda dejar entre dos y tres horas entre la cena y el momento de acostarse para evitar problemas digestivos. Si no es posible adelantar la cena debido a compromisos sociales o laborales, sugiere ajustar el contenido del plato: optar por comidas ligeras y fáciles de digerir.

Cuando se trata de elegir qué comer por la noche, Kushkyan aconseja priorizar fuentes de proteína ligera como pescado o pollo acompañado de verduras cocinadas. También menciona que los carbohidratos no deben eliminarse completamente; sin embargo, es preferible optar por opciones sencillas como arroz o boniato en lugar de platos muy grasos o fritos.

A pesar de los posibles efectos negativos asociados con las cenas tardías durante el verano, Kushkyan asegura que el organismo suele recuperar su ritmo rápidamente cuando se restablecen las rutinas habituales. El problema surge cuando estos hábitos se prolongan durante meses o se combinan con otros factores perjudiciales como sedentarismo o falta de descanso.

Kushkyan concluye enfatizando que mantener un patrón global equilibrado en nuestra alimentación es fundamental para disfrutar del verano sin comprometer nuestra salud. La flexibilidad en nuestros horarios alimenticios puede coexistir con una buena salud siempre que mantengamos un enfoque consciente sobre lo que comemos.

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