Un Pueblo con Sabor a Toscana
La Vilella Baixa, ubicada en el Priorat, Tarragona, evoca la belleza de un pueblo toscano. Con sus fachadas de colores terrosos que contrastan con el verde del paisaje, este pequeño municipio es un destino imperdible para los amantes del vino.
A pesar de contar con solo 207 habitantes, La Vilella Baixa ha sido apodada el Nueva York del Priorat. Este apodo se debe a la altura de sus edificios, que alcanzan hasta ocho pisos y presentan entradas en plantas superiores debido al abrupto desnivel del terreno. Esta comparación fue popularizada por el escritor Josep M. Espinàs en su libro Viaje al Priorat, publicado en 1961.
El pueblo recuerda a ciudades como Cuenca o Ronda por sus casas colgadas y su impresionante paisaje. La iglesia de Sant Joan Baptista, de estilo neoclásico y construida en el siglo XVIII, destaca entre las edificaciones. Las calles estrechas y empinadas ofrecen un encanto especial, especialmente la famosa calle que no pasa, que conecta con una plaza y tiene raíces medievales.
La Vilella Baixa se encuentra al este del Parque Natural de la Sierra de Montsant, donde confluyen los ríos Montsant y Escaladei. Su origen árabe se refleja en su nombre, derivado de Velazha, que significa meandro de río. A lo largo de los siglos, ha mantenido su esencia histórica mientras se adaptaba a las necesidades modernas.
Una de las experiencias más encantadoras es contemplar el pueblo iluminado por luces de sodio desde el Coll de l’Ermita. Los alrededores invitan a paseos otoñales gracias a cinco itinerarios turísticos señalizados que permiten explorar su patrimonio natural.
No se puede visitar La Vilella Baixa sin degustar los vinos locales. Las bodegas familiares como Celler Sabaté ofrecen catas dentro de la DOQ Priorat. Desde 1917, las cooperativas han sido fundamentales para esta región vitivinícola.
El Montsant es un símbolo poderoso para la comunidad local. Para explorarlo hay que atravesar uno de los graus naturales; en La Vilella Baixa se encuentra el Grau dels Bous o del Caragol, accesible para todos. Esta montaña sagrada alberga una rica tradición eremítica y fue sede de la primera cartuja ibérica.


