Entendiendo la microbiota
La salud digestiva es un tema que ha cobrado gran relevancia en los últimos años, y con ello, el interés por los probióticos y prebióticos. Sin embargo, muchas personas aún confunden estos términos, lo que puede llevar a errores en su consumo. Irene Domínguez, nutricionista y responsable del departamento de Alimentación Saludable de Palasiet, aclara que mientras los probióticos son organismos vivos que se introducen al organismo a través de alimentos fermentados, los prebióticos son fibras que alimentan a las bacterias beneficiosas ya presentes en nuestro intestino.
Domínguez advierte sobre un error común: consumir únicamente probióticos sin incluir prebióticos. Esto es comparable a plantar semillas en un suelo seco sin abono; las bacterias pueden morir antes de hacer efecto. Por otro lado, añadir fibra a una microbiota debilitada puede resultar contraproducente si no se hace con cuidado. La nutricionista enfatiza que cada uno tiene su función específica y no son intercambiables.
A pesar de la larga tradición de alimentos fermentados en la dieta mediterránea —como el yogur natural o el kimchi— no todos los productos disponibles en supermercados mantienen sus propiedades beneficiosas. Domínguez señala que muchos sufren procesos de esterilización que eliminan las bacterias vivas necesarias para ser considerados verdaderos probióticos. Por ello, es fundamental optar por productos auténticos.
No toda fibra actúa como prebiótico; debe alimentar selectivamente a las bacterias buenas. Alimentos como cebolla, puerro y plátano son excelentes opciones para incluir en la dieta diaria. Sin embargo, cuando se busca tratar condiciones específicas, es crucial contar con cepas adecuadas y protegidas para asegurar su efectividad.
Francisco Gómez, experto en nutrición y PNIE también en Palasiet, recalca que los probióticos no deben considerarse un suplemento diario obligatorio. Su uso debe ser específico y basado en evidencia científica para condiciones como infecciones gastrointestinales o síndrome del intestino irritable. En muchos casos, mejorar hábitos alimenticios puede ofrecer más beneficios que la suplementación constante.
A medida que el interés por la microbiota crece, también lo hace el marketing alrededor de ella. Gómez advierte sobre la tendencia errónea de pensar que todos necesitan suplementos probióticos; muchas veces es más efectivo crear un entorno adecuado para las bacterias ya presentes en nuestro cuerpo.
A menudo se comete el error de fijarse solo en el número de bacterias al elegir un probiótico. Sin embargo, lo realmente importante es conocer la cepa específica y su eficacia demostrada para problemas concretos. La viabilidad del producto también juega un papel crucial; debe llegar vivo al intestino para ser efectivo.
Tanto los probióticos como los prebióticos tienen efectos positivos comprobados bajo ciertas circunstancias. No obstante, todavía queda mucho por descubrir sobre este complejo ecosistema intestinal. La ciencia avanza rápidamente pero aún no ha encontrado una solución mágica para todos los problemas digestivos; sí existen intervenciones bien diseñadas capaces de restaurar el equilibrio necesario.


