Un crimen que marcó una época
El 4 de agosto de 1892, la tranquila ciudad de Fall River, Massachusetts, se vio sacudida por un doble asesinato que aún hoy despierta más preguntas que respuestas. Andrew Jackson Borden y su esposa Abby fueron brutalmente asesinados en su hogar, y la principal sospechosa fue su hija, Lizzie Borden. Este caso ha sido objeto de fascinación durante más de un siglo y ahora cobra nueva vida con el lanzamiento de la cuarta temporada de Monstruo, la exitosa serie de Netflix producida por Ryan Murphy.
A pesar del apodo que le ha sido atribuido a Lizzie como “la asesina del hacha”, el arma del crimen nunca fue encontrada. La narrativa popular ha distorsionado los hechos, sugiriendo que Lizzie asestó múltiples golpes a sus padres con un hacha grande; sin embargo, las evidencias apuntan a un arma más pequeña y manejable. Este detalle es solo uno entre muchos que han alimentado el mito en torno a su figura.
Las tensiones familiares eran palpables en el hogar Borden. Andrew era conocido por su avaricia y falta de afecto hacia sus hijas, lo que generaba un ambiente hostil. Las hermanas Borden vivían bajo condiciones precarias; ni siquiera contaban con agua caliente en casa. Además, la llegada del tío materno John Vinnicum Morse para discutir temas hereditarios intensificó las especulaciones sobre posibles motivos detrás del crimen.
Diversas teorías han surgido para explicar los posibles motivos detrás del asesinato. Una apunta al resentimiento acumulado por años de negligencia económica por parte del padre hacia sus hijas. Otra teoría menos convencional sugiere que Lizzie podría haber estado involucrada en una relación amorosa con la sirvienta Bridgette Sullivan, quien también estaba presente en la casa durante el crimen.
A pesar de ser arrestada poco después del crimen, Lizzie no fue condenada debido a la falta de pruebas contundentes. El juicio se convirtió en un espectáculo mediático donde se cuestionaron tanto las declaraciones inconsistentes de Lizzie como las sospechas sobre sus intenciones previas al asesinato. Un farmacéutico incluso testificó sobre un intento fallido de compra de ácido prúsico por parte de Lizzie, lo cual aumentó las dudas sobre su inocencia.
Aunque fue absuelta, el caso nunca se resolvió completamente y dejó una huella imborrable en la cultura popular estadounidense. La casa donde ocurrió el asesinato ha sido transformada en una atracción turística conocida como “la casa más embrujada” del país, ofreciendo visitas guiadas y estancias nocturnas para aquellos interesados en explorar los oscuros secretos que alberga.
Con el estreno reciente de Monstruo: La historia de Lizzie Borden, esta intrigante narrativa vuelve a captar la atención pública. La serie no solo reitera preguntas sobre si los monstruos son creados o nacen así; también invita a reflexionar sobre cómo los relatos históricos pueden ser reinterpretados a través del tiempo.


