Un cuento de hadas moderno
Marie-Chantal Miller, hija del multimillonario británico Robert Warren Miller y de la ecuatoriana María Clara Pesantas, ha vivido una vida digna de un cuento de hadas. Desde su infancia en una familia adinerada hasta su romance con el príncipe Pablo, heredero de la corona griega, su trayectoria es fascinante. Actualmente, combina su carrera como diseñadora con su rol como madre de cinco hijos.
Nacida en Londres en 1968, Marie-Chantal es la mediana de tres hermanas, junto a Alexandra von Furstenberg y Pia Getty, formando el trío conocido como The Miller Sisters. Creció en Hong Kong hasta los nueve años antes de mudarse a un internado en Suiza. En 1993 comenzó a estudiar Historia del Arte en la Universidad de Nueva York, donde conoció al príncipe heleno durante una cita a ciegas organizada por el banquero Alecko Papamarkou.
La conexión fue instantánea; ella misma lo describió como amor a primera vista. La pareja se comprometió en 1995 tras una romántica propuesta en Gstaad y se casó ese mismo año en una ceremonia que reunió a numerosas familias reales.
Nacido en Quincy, Massachusetts, en 1933, Robert Warren Miller provenía de una familia con raíces que se remontan a los reyes Enrique I y Luis IV. Junto a su socio Chuck Feeney, revolucionó las compras libres de impuestos al fundar DFS (Duty Free Shoppers) en 1960. La compañía comenzó sus operaciones en Hong Kong y se expandió globalmente.
En 1996, cuando DFS era el minorista más grande del mundo, Louis Vuitton Moët Hennessy adquirió la parte de Feeney por 1.500 millones de euros. A pesar de esto, Miller mantuvo un 38% de las acciones y actualmente su fortuna está valorada en 1.700 millones de euros, posicionándolo entre las personas más ricas según Forbes.
Aparte de sus logros empresariales y ser propietario del Gunnerside State en Yorkshire, Miller siempre ha tenido pasión por la navegación. En 2003 estableció un récord mundial al cruzar el Atlántico con su yate Mari-Cha IV en menos de siete días. También ganó el Rolex Transatlantic Challenge dos años después.
Como ciudadano honorario de Hong Kong desde los años sesenta, ha contribuido significativamente a las artes escénicas mediante donaciones a la Asia Society. Sin embargo, sus esfuerzos filantrópicos son modestos comparados con los realizados por Chuck Feeney, quien dedicó toda su fortuna a causas educativas y humanitarias antes de fallecer.


