Un legado lleno de historias
El reciente fallecimiento de Philippe Junot en Madrid, a los 85 años, ha reavivado el interés por algunos episodios notables de su vida. Su breve pero impactante relación con Carolina de Mónaco lo convirtió en una figura mediática, siendo considerado el playboy más famoso del mundo durante los años 80, justo antes de que se estableciera en Marbella y ayudara a forjar la ‘jet set’ española.
Pocos son los que recuerdan esa primera etapa de Philippe Junot, y menos aún quienes deseen hablar públicamente sobre ella. Sin embargo, Christian de Massy, barón y primo de Carolina, accedió a compartir sus recuerdos desde su hogar en Montecarlo. Su vida está llena de experiencias fascinantes que resultan difíciles de resumir.
Christian destaca las épocas doradas del Principado: «Mónaco ha tenido muchas etapas. La mejor fue cuando las Brigadas Rojas obligaron a muchos a huir de Italia. Personas elegantes y con clase se trasladaron a Mónaco, justo cuando la princesa Grace estaba en su esplendor y Carolina era portada diaria». Esta época coincide con su juventud, donde disfrutó al máximo: «Cuando llegué a la discoteca Jimmy’z con 19 años, me llevaban a la mesa del Palacio; hoy hay que hacer largas colas».
Su amistad con Philippe Junot también es parte importante de su historia: «Es un recuerdo complicado. Grace y Rainiero lo despreciaban. A pesar del divorcio, mantuve mi amistad con él porque era divertido».
Sobre Stefano Casiraghi, el segundo marido de Carolina fallecido trágicamente en un accidente en la bahía de Montecarlo, Christian comenta: «Era un hombre correcto que no generó escándalos». Sin embargo, se muestra reservado al hablar sobre Charlène de Mónaco: «No tengo nada que decir sobre ella», menciona sin profundizar.
A pesar del distanciamiento físico debido a sus constantes viajes, Christian mantiene una conexión emocional fuerte con su familia: «No nos hemos alejado por elección; nuestras vidas simplemente son diferentes». Durante la pandemia del COVID-19 estuvo separado físicamente de su hijo Antoine, quien enfrentó problemas graves de salud mientras él intentaba establecerse en Colombia.
Aunque el confinamiento fue difícil para él y su perro en Colombia fue placentero, también tuvo momentos tristes como el fallecimiento reciente de su hermana Elizabeth Ann. Regresó a Montecarlo gracias al apoyo del príncipe Alberto tras recibir una invitación para el funeral.
A lo largo de su vida ha tenido múltiples experiencias laborales exitosas; desde fundar una empresa en Hungría hasta abrir una oficina representativa en Nueva York para La Société des bains de mer. Su segundo matrimonio con Anne Michelle Lütken también marcó un capítulo significativo aunque complicado debido a diferencias personales.
Christian comparte anécdotas sobre sus colaboraciones con Alberto respecto a establecer una embajada económica en Sudamérica. Aunque finalmente optaron por Miami como sede principal debido a las circunstancias favorables.
Sueña con ser enterrado frente al mar en Colombia: «Estoy buscando mi sepultura allí porque adoro el país y siempre he encontrado alegría entre los colombianos». Planea regresar pronto para concretar este deseo especial.


