Un amor apasionado y complicado
En octubre de 2006, Joaquín Sabina decidió abrirse en su libro Sabina en carne viva, escrito por el periodista Javier Menéndez Flores. En esta obra, se destaca la figura de Sonia, una mujer que marcó profundamente al cantautor.
A pesar de su fama y éxito, Joaquín siempre ha mantenido cierta distancia de la prensa del corazón. Sin embargo, en este libro y algunas entrevistas, ha compartido aspectos íntimos de su vida personal.
Actualmente felizmente casado con Jimena Coronado, una fotógrafa peruana a quien conoció durante un reportaje, y padre de dos hijas, Carmela y Rocío, Joaquín Sabina inicia una nueva etapa tras retirarse de los escenarios a los 76 años. Este camino es similar al que ha tomado su amigo Joan Manuel Serrat.
La biografía de Joaquín está marcada por grandes amores. Su primer matrimonio fue con Lucía Correa en 1977; se casaron mientras él cumplía el servicio militar para poder pasar la noche fuera del cuartel. Se divorciaron en 1985 tras varios años juntos.
Sabina pasó un tiempo exiliado en Londres después de participar en actos subversivos que lo llevaron a ser arrestado por su padre. Durante su estancia allí, conoció a Sonia, una joven que lo cautivó profundamente. Como él mismo relata: «Esa mujer era un trueno… El problema es que Sonia siempre veía la botella medio vacía».
Los celos jugaron un papel crucial en la ruptura: «Sonia pensaba que le era infiel… Y sí, era un hijo de puta, pero nunca le fui infiel… hasta que un día ocurrió».
Según cuenta Joaquín, cuando regresó a casa tras una actuación encontró una nota dejada por Sonia bajo la lámpara. En ella confesaba haber estado con más de una docena de hombres durante su relación: «Nuestra relación era pasional… en el peor sentido».
Una anécdota perturbadora revela cómo Sonia le había cortado el pelo y guardado un mechón como recuerdo. Tras una pelea, él encontró el mechón calcinado: «Me estaba haciendo magia negra», concluye el cantautor.


