Una historia real llena de altibajos
La vida de Beatriz de Saboya, la última princesa de Italia, es un relato que parece sacado de una novela trágica. Nacida en Roma el 2 de febrero de 1943, Beatriz fue la benjamina del rey Humberto II y María José de Bélgica. Su infancia estuvo marcada por el exilio tras la abolición de la monarquía italiana, lo que llevó a su familia a trasladarse a Cascais, Portugal. Desde muy joven, Beatriz se vio envuelta en un torbellino mediático que no solo afectó su vida personal sino también su salud mental.
Durante los años 60, Beatriz vivió intensamente sus primeros romances. Uno de los más destacados fue con Victoriano Valencia, un torero y abogado español. Este romance terminó abruptamente después de seis meses, lo que llevó a la joven princesa a intentar quitarse la vida disparándose en el corazón; un episodio que su familia intentó ocultar al público como un accidente. Tras este trágico evento, Beatriz continuó buscando amor y estabilidad emocional.
A finales de los años 60, Beatriz encontró un nuevo camino al conocer a Luis Reyna Corvalán, un diplomático argentino con quien se casó en 1970. Juntos tuvieron tres hijos; sin embargo, la felicidad fue efímera. La muerte trágica de su hijo Raffaello a los 23 años marcó un punto crítico en su vida y matrimonio. La depresión se apoderó tanto de ella como de Luis, quien sufrió un derrame cerebral poco después.
La separación entre Beatriz y Luis llegó en 1995, pero las desgracias no terminaron ahí. En circunstancias misteriosas, Luis fue encontrado muerto en su casa bajo condiciones sórdidas: estrangulado con su propio cinturón y con objetos valiosos desaparecidos. Este asesinato dejó una estela de preguntas sin respuesta y tensiones familiares que aún persisten entre los descendientes del antiguo linaje real italiano.
A pesar del caos familiar y las tragedias personales que han marcado su existencia, la octogenaria princesa Beatriz ha encontrado finalmente algo parecido a la paz lejos del ojo público. Reside actualmente entre Suiza y Estados Unidos, alejada del escándalo mediático que alguna vez rodeó su nombre. Aunque las disputas sobre herencias continúan entre sus parientes reales —con diamantes y perlas valorados en cientos de millones— ella parece haber dejado atrás esos días oscuros para vivir una vida más tranquila.


