Un adiós al rock
El mundo del rock se encuentra en duelo. Tras la reciente pérdida de Jorge Martínez, vocalista de Los Ilegales, la noticia del fallecimiento de Robe Iniesta, líder de la icónica banda Extremoduro, ha conmocionado a sus seguidores. Estos son tiempos difíciles para los amantes del género, que también enfrentan la retirada de Joaquín Sabina, quien ha decidido iniciar una nueva etapa junto a su esposa, Jimena Coronado.
Robe Iniesta siempre fue un hombre reservado y reacio a compartir detalles sobre su vida personal, lo que ahora cobra relevancia tras su partida. Deja atrás un vasto legado artístico que incluye derechos de autor y una considerable herencia material, aunque nada puede mitigar el dolor por su ausencia.
A los 60 años, Robe Iniesta estaba casado y tenía dos hijos. Administraba sus finanzas a través de dos empresas que gestionaban sus ingresos artísticos así como sus actividades agrícolas y turísticas en Extremadura, región con la que siempre mantuvo un fuerte vínculo tanto personal como profesional.
Diversas personalidades han expresado su tristeza por su fallecimiento; incluso el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, utilizó las redes sociales para rendir homenaje. Otros artistas como Lolita Flores, Alejandro Sanz, Cepeda y Bunbury también han mostrado su apoyo a la familia durante este difícil momento.
A medida que avanzaba en su carrera en solitario tras la disolución de Extremoduro en 2019, Robe Iniesta sufrió un tromboembolismo pulmonar del cual no pudo recuperarse. Pasaba gran parte del tiempo en Lezama, cerca de Bilbao, donde recibía tratamiento médico. Su conexión con esta región era profunda; disfrutaba viendo el mar desde su ventana mientras escribía sobre él.
Su gran amor fue Bibi, quien fue clave en la gestión de sus activos financieros y estuvo a su lado hasta el final. A pesar de haber atravesado crisis severas en su relación, siempre lograron superar los obstáculos juntos. Sus hijos también han mantenido un perfil bajo ante los medios durante este proceso.
Naum ha seguido el camino musical como batería del grupo Kontrol-M, mientras que Karin se ha involucrado más en las actividades relacionadas con el agroturismo familiar. Ambos han optado por permanecer discretos ante las cámaras, al igual que su madre Bibi, quien desempeñó un papel crucial ayudando a Robe a superar sus adicciones.
Nacido hijo de un chapista y una ama de casa ya fallecida, Robe comenzó vendiendo golosinas desde una furgoneta antes de descubrir su pasión por la música. Fue en el taller mecánico donde aprendió a tocar la guitarra y compuso sus primeras canciones, las cuales lo llevarían a convertirse en una figura destacada del rock español.
Aunque encontró cierta paz espiritual en Lezama después de haber vivido en ciudades como Barcelona, Madrid o Granada, siempre afirmó haber dejado atrás las drogas antes de formar parte de Extremoduro. Se le asociaba con una vida llena de excesos; sin embargo, él defendía que «mis canciones hablaban por mí».


