Un momento memorable en la realeza
El 14 de mayo de 2004, durante la boda de los príncipes Federico y Mary de Dinamarca, Doña Letizia hizo su primera aparición en un evento real, solo una semana antes de su propio matrimonio el 22 de mayo. La futura princesa de Asturias deslumbró con un vestido rojo diseñado por Lorenzo Caprile.
El impacto de aquel diseño sigue siendo inolvidable años después. Fue su debut oficial ante la realeza y superó todas las expectativas. Lorenzo Caprile fue encargado de crear varios vestidos para ella, y el resultado fue un gran éxito.
Doña Letizia brilló con un diseño que evocaba el «Hollywood clásico», caracterizado por un cuerpo drapeado a la altura del pecho, una falda con pequeña cola, mangas semitransparentes y cuello cuadrado. Este vestido estaba confeccionado en crepé de satén y tul de seda natural en un vibrante color rojo llama, uno de los favoritos del diseñador. Completó su look con zapatos rojos forrados en satén de Pura López y un pequeño bolso vintage bordado con cristales negros.
Joyas elegantes
Uno de los aciertos más destacados fue el peinado con ondas al agua realizado por Gloria Delgado, así como la elección cuidadosa de las joyas: unos pendientes cortos combinados con dos broches «clip» elaborados en diamantes y rubíes, que realzaban el escote del vestido. Estas piezas pertenecían al joyero de Doña Sofía: los pendientes conocidos como «de cereza» y los broches gemelos que habían sido heredados de María de las Mercedes, abuela del rey Felipe VI.
María contaba con una colección impresionante, compuesta por regalos tanto antiguos como contemporáneos recibidos del rey Alfonso XIII al casarse con el Infante Don Juan.
Diversas joyas que recibió Doña María fueron diseñadas a medida. Los llamativos clips estilo «art déco», que la Condesa de Barcelona lució frecuentemente tras su matrimonio, eran una creación exclusiva de Chaumet, una firma preferida por la familia Borbón. Estos broches estaban compuestos por seis grandes rubíes rodeados por diamantes dispuestos geométricamente.
Dichos broches podían usarse juntos o separados, lo que les otorgaba versatilidad. Originalmente formaban parte junto a una pulsera que lamentablemente fue robada durante la luna de miel en Estados Unidos. A pesar de ello, estos clips se convirtieron en uno de los favoritos para Doña María.
Apariciones memorables
A pesar del valor sentimental y estético, la Condesa nunca compartió estos broches ni con sus hijas ni nuera. Se les puede ver en numerosas fotografías oficiales a lo largo del tiempo. Los llevó durante la boda entre Isabel II y el Príncipe Felipe en 1955; también estuvieron presentes en eventos importantes como el bautizo de la Infanta Cristina en 1965 o el anuncio del compromiso matrimonial entre Simoneta Gómez-Acebo y José Miguel Fernández-Sastrón en 1990.
Parece ser que tras su fallecimiento, fue el rey Juan Carlos quien heredó estos valiosos broches junto a otras joyas significativas. La reina Sofía nunca los utilizó públicamente y permanecieron guardados durante años hasta resurgir cuando Doña Letizia se presentó oficialmente como princesa.
La futura princesa eligió estas joyas para complementar perfectamente su escote cuadrado sin sobrecargar su imagen días antes del enlace real. Aunque originales, eran elegantes y discretos; sin embargo, desde entonces no hemos vuelto a ver públicamente los broches rubíes diseñados por Chaumet. Su futuro sigue siendo incierto: no sabemos si serán heredados por el rey Felipe o alguna de sus hermanas, Elena o Cristina.


